Luchó por mandato de Dios, y acaso fue el genio militar más grande que registra la historia. Con su espada sagrada luchó cara a cara con el enemigo, sin herir jamás a ninguno, y con el poder mágico de su mirada y el encanto de su dulce voz condujo a los ejércitos a la victoria. La virgen de Domremy mantuvo su fe en Dios hasta el último instante de su vida, cuando las llamas devoraban su cuerp...