EL MONASTERIO EN LA VIDA ESPAÑOLA DE LA EDAD MEDIA
Histoire de l'Eglise

EL MONASTERIO EN LA VIDA ESPAÑOLA DE LA EDAD MEDIA

Fray Justo PÉREZ DE URBEL O.S.B

Nacidos de una semilla derramada en la tierra por el mismo Cristo, los monjes aparecen en el mundo romano desde principios del siglo IV como un desenvolvimiento natural y espontáneo de la vida de perfección practicada en la primitiva Iglesia. La asce­sis organizada, socializada y reflexiva surge de la ascesis individual, como la espiga del tallo. Era una evolución vital, una continuación necesaria, el germen evangélico en toda su plenitud, el ascetismo apostólico orientado hacia una vida común y encauzado por un esfuerzo metódico. El mundo antiguo caía deshecho por su pro­pia corrupción; el paganismo se infiltraba en el cuerpo de la Iglesia. Ante semejante espectáculo, los hombres más animosos huyen, salen de aquel ambiente putrefacto y buscan en la soledad una garantía de inde­pendencia espiritual.

A primera vista esa actitud parece una protesta, una negación. En realidad, es una afir­mación rotunda, y aquí está el secreto de la fascinación que ejercía en las almas. Ni deserción ni despecho, sino tendencia hacia Dios. La fuga del monje era un grito heroico de amor a Cristo, como antes la constancia del mártir. La vida monástica reemplazaría al martirio, sería el nuevo género de heroi­cidad, la aceptación magnánima del combate, la pro­clamación decidida delideal puro, por el cual había que sacrificar la vida, no en una destrucción prematura de la personalidad, sino en el desarrollo maravillosamente activo de las más nobles facultades, en una lucha más difícil que la de los atletas del circo, la lucha contra el egoísmo agazapado en los entresijos de la naturaleza, contra el demonio que se esconde en los instintos de la carne y contra las manifestaciones diabólicas en medio del mundo. A esta victoria se lanza el monje infla­mado del Espíritu, armado de los divinos carismas, presa de una celeste locura y de un prodigioso entu­siasmo. El heroísmo y el entusiasmo van siempre juntos.

Esta actitud se alimenta, por extraño que parezca, en la mortificación. La vida monástica es vida de encierro, ayunos, vigilias, cilicios, cadenas, columnas, disciplinas y empareda­mientos. La comida, el vestido, el sueño, sólo debían tener un objeto: la sustentación de la carne, nunca el halago de los sentidos. Había que vivir, pero la vida, don de Dios, debía consumirse en el trabajo, que es la forma más noble y provechosa de mortificación.

El monje sabía que ni el trabajo, ni la penitencia, ni la soledad eran otra cosa que medios para conseguir un fin más alto: la unión con Dios. El desasimiento de los hombres y las cosas, la santa indiferencia con res­pecto a las criaturas y la reducción en lo posible de la dependencia de lo material debían tener como resul­tado facilitar al alma la entrada en el mundo de lo inmaterial y de lo invisible. Cuanto menos necesidades, mayor libertad.

¡He aquí todo un programa para nuestros días aciagos de corrupción y apostasía universal!

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ISBN : 2-8162-0074-4
Nombre de pages : 250 (1 volume)
Format : 14,5x20,5
Type d'édition : Fac-simile
Langue : Espagnol
Etat : Neuf

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